«El imaginario estacional es una brújula interna. Nos ayuda a descubrir dónde estamos y qué necesitamos para acompañarnos».
Montse Cob

01 · OBSERVAR LA NATURALEZA
¿Qué ocurre fuera?
Octubre ya trae un cambio más visible. Es muy obvio.
Si vives en el hemisferio norte, basta con sentarte un momento a observar los árboles. Las hojas no cambian todas a la vez ni se desprenden al mismo tiempo. Algunas siguen verdes, otras comienzan a amarillear y otras ya se vuelven doradas, ocres o cobrizas. Cada una parece hacerlo cuando está lista.
El árbol despliega así un pequeño caleidoscopio de colores. No hay una única velocidad. La transformación ocurre por capas y, durante un tiempo, conviven distintos momentos de un mismo proceso. Es el Otoño Temprano.
Me gusta observar este cambio: la expansión hacia fuera del verano empieza poco a poco a recogerse hacia dentro. La energía que antes estaba desplegada en hojas, frutos y crecimiento comienza a concentrarse. El árbol conserva, redistribuye, discrimina. Y, poco a poco, empieza también a dejar ir.
Pero ni siquiera ese dejar ir sucede de golpe. Hay hojas que permanecen durante semanas mientras otras ya cubren el suelo. El árbol no parece apresurarlas. Cada una se desprende cuando su vínculo con la rama ha cambiado lo suficiente.
Si vives en el hemisferio sur, la naturaleza avanza en la dirección contraria. La primavera va tomando cuerpo, aumenta la luz y comienzan a desplegarse nuevos brotes, flores y colores. Allí el movimiento es hacia la apertura, la expansión y todo aquello que empieza a encontrar espacio para crecer.
En ambos hemisferios, la naturaleza nos recuerda algo parecido: transicionar no significa hacerlo todo a la vez.
Cada hoja encuentra su momento. Cada brote también.
Cada árbol realiza su propia transición, siguiendo su ritmo y respondiendo a las condiciones que lo rodean.
Y nosotras también.
02 · OBSERVAR EL CUERPO DE MUJER
¿Qué ocurre dentro?
El Otoño Temprano me lleva a observar ese momento en el que el cambio ya no es apenas un susurro. Algo empieza a hacerse evidente. La energía sigue estando ahí, pero comienza a organizarse de otra manera.
Hablemos de ciclos.
Nuestro organismo está atravesado por ritmos de distinta duración.
Los ritmos ultradianos duran menos de 24 horas y se repiten varias veces a lo largo del día. Los ciclos del sueño o determinados patrones pulsátiles de secreción hormonal son ejemplos de ello.
Los ritmos circadianos se organizan aproximadamente en torno a las 24 horas y están profundamente relacionados con la alternancia entre luz y oscuridad, sueño y vigilia.
Y los ritmos infradianos duran más de 24 horas. El ciclo menstrual es uno de ellos.
Podemos observar, por tanto, nuestro cuerpo como un organismo atravesado por ritmos dentro de ritmos.
Si llevo la imagen del Otoño Temprano al ciclo menstrual, pienso en los días posteriores a la ovulación, al comienzo de la fase lútea. La progesterona empieza a adquirir protagonismo y la temperatura corporal basal aumenta ligeramente.
Quizá todavía haya energía hacia fuera, pero algunas mujeres perciben también otro movimiento: recoger, condensar, discriminar.
No todas lo vivimos igual, ni todos nuestros ciclos se sienten de la misma manera.
¿Puedes reconocer ese pequeño cambio de velocidad en ti?
Si llevo esta misma imagen al ciclo maternal pienso en la entrada al tercer trimestre. El embarazo ya tiene una presencia física innegable. El bebé crece, el volumen y el peso aumentan y muchas actividades cotidianas requieren otra organización.
Nuestro fruto interior ocupa cada vez más espacio.
El cuerpo empieza a pedirnos que escuchemos de otra manera sus apoyos, sus tiempos y sus límites.
¿Percibes que necesitas más pausas y recuperación?
Si la llevo al ciclo menopausal, el Otoño Temprano me recuerda al comienzo de la perimenopausia tardía.
Ya no se trata únicamente de una sensación difusa de que «algo está pasando». Los cambios en el ciclo menstrual se hacen más evidentes y la variabilidad adquiere mayor presencia.
Hay un momento en el que quizá dejamos de pensar: Será el estrés. Será una mala temporada. Será que estoy cansada…
¿Reconoces este cambio con certeza?
Quizá eso sea lo que el Otoño Temprano puede enseñarnos: que reconocer una transición no significa detenernos, sino percibir que el cuerpo empieza a organizarse de otra manera y aprender a acompañarlo.
Una pregunta para ti:
¿Puedes reconocer, dentro de unas horas, a lo largo de tu día, de tu ciclo o de tu etapa vital, ese momento en el que algo empieza a cambiar de velocidad?
03 · ELEGIR LA PRÁCTICA
¿Qué necesitas hoy?
En Yoga De Mujer pausamos para escuchar estos ritmos.
Los ritmos ultradianos nos recuerdan que nuestro organismo no mantiene el mismo nivel de disponibilidad durante todo el día. Hay momentos de mayor energía y otros en los que necesitamos parar, respirar, orientarnos de nuevo o cambiar de intensidad.
También dentro de una práctica puede ocurrir así.
Quizá al comenzar necesites moverte. Más tarde, sostener. Después, reducir el ritmo. Y quizá al final, simplemente descansar.

Si ampliamos un poco el foco hacia el ritmo circadiano, aparece otra referencia.
No somos exactamente el mismo cuerpo a las ocho de la mañana que a las seis de la tarde.
La caída de la tarde es mi pequeño Otoño Temprano: la luz disminuye y el cuerpo empieza a organizarse de otra manera.
La energía no necesariamente desaparece.
Cambia de velocidad.
Por eso, antes de elegir tu práctica, quizá puedas preguntarte:
¿En qué momento de tu día estás? ¿Qué nivel de disponibilidad tiene hoy tu cuerpo?
Y desde ahí elegir.
No la práctica que habías previsto.
La práctica que hoy puede cooperar contigo.
04 · UNA PREGUNTA PARA LLEVARTE
Tómate un momento. Saca tu diario, si te apetece. Cierra los ojos o, simplemente, siente las plantas de tus pies en contacto con el suelo.
Piensa en un árbol en Otoño Temprano.
Sus hojas no se sueltan todas a la vez. Algunas permanecen verdes, otras empiezan a cambiar de color y otras, cuando llega su momento, se desprenden.
Cada hoja tiene su ritmo.
Quizá nosotras también necesitemos tiempo para reconocer qué queremos conservar y qué ya no necesitamos seguir sosteniendo.
No se trata de obligarnos a soltar.
A veces, primero necesitamos observar, comprender, atravesar una transición… y esperar hasta sentirnos preparadas.
Desde ahí, hazte esta pregunta:
¿Qué estoy preparada para soltar en este momento de mi vida?
No hace falta que sea algo grande. Puede ser una exigencia, una costumbre, una forma de organizarte, una expectativa o algo que simplemente ya no coopera contigo.
Como las hojas, también podemos aprender a soltar a nuestro propio ritmo.
05 · SI QUIERES PROFUNDIZAR
Explorando juntas
El imaginario estacional, la anatomía, la fisiología, la interocepción, la intuición y la neurociencia nutren las propuestas de Yoga De Mujer.
Si te resuena esta manera de comprender, escuchar y acompañar el cuerpo de mujer, te invito a seguir explorando nuestras propuestas formativas
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Valoro mucho mi tiempo de descanso. Puntualmente utilizo herramientas de inteligencia artificial como apoyo para investigar, organizar y crear materiales. El criterio, la voz y el resultado final de todo lo que comparto son míos.
Montse Cob
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